Cultura

Eva Green: "Me gusta el tormento"

Eva Green:

No resulta difícil imaginarse a la actriz francesa Eva Green en la piel de un personaje sombrío y tortuoso. Tanto es así, que al final no le ha quedado más remedio que abrazar el cliché: "Me gusta el tormento", reconoce.

Musa de Tim Burton, "femme fatale" que sedujo como nadie a James Bond, Green (39 años) cambia de registro en su última película para enfundarse el traje de una astronauta que debe afrontar la separación de su hija de 7 años para emprender un viaje estelar.

En "Proxima", dirigida por Alice Winocour y galardonada con el premio especial del Jurado en el último Festival de San Sebastián, la actriz encarna con tanta sobriedad como solvencia a Sarah, una madre que trata de no renunciar a su sueño profesional mientras deja en el planeta Tierra a su niña al cuidado de su ex pareja.

"Me gustan las situaciones conflictivas, los personajes complejos que parecen fuertes desde fuera pero que tienen muchas grietas. Son dilemas extremos: me quedo con mi hija o persigo mi sueño. Me gusta el tormento", asegura en una entrevista con varios medios internacionales, entre ellos EFE.

Pese a todo, Green cree que el público tendrá más fácil identificarse con este personaje -"cualquier madre trabajadora podrá hacerlo"- que con otros roles que ha protagonizado antes en su carrera, de carácter más excéntrico.

CIENCIA SIN FICCIÓN

Quien se acerque a "Proxima" en busca de una historia de ciencia-ficción puede llevarse una decepción. Se trata más bien de un filme intimista que explora la relación entre una madre y su hija. Y sin embargo, al mismo tiempo, pocas películas retratan mejor la realidad de los astronautas antes de partir al espacio.

"Crear esa intimidad con la niña (interpretada por Zélie Boulant-Lemesle) fue mi mayor desafío. Temía no ser creíble. No quería ser cursi, pero me preguntaba si estaba siendo demasiado fría", reflexiona Green, que no es madre en la vida real.

La directora, Alice Winocour, confiesa a EFE que precisamente buscó a Green para ese papel por el hecho de no tener hijos, para que "tratase de ser la mejor madre posible en la pantalla, como me sucede a mí en la vida real".

Para la actriz, "todas las madres trabajadoras tienen ese sentimiento de culpa y muchas veces reprimen sus propios deseos para acomodarse a sus hijos. Esta película te dice: 'No seas una madre perfecta'. ¡Yo solo tengo un perro, y ya es bastante difícil lidiar con eso!".

Quizá se deba a sus papeles góticos en las películas de Tim Burton. Tal vez sea por su físico misterioso y cautivador. Puede que responda a su carácter introvertido y cerebral. Por cualquiera de esas razones, a la actriz francesa (debe su apellido a su padre de origen sueco) se le ha encasillado como una persona turbia.

"Mucha gente percibe que soy oscura, lo oigo tanto que tengo que abrazarlo", admite, en una entrevista en el que lo único oscuro es la iluminación del salón del hotel donde se celebra. Ella, por el contrario, se muestra como una mujer afable y cordial.

ASTRONAUTAS ESTRICTOS (Y SEDUCIDOS)

Rodada en la Agencia Espacial Europea, el centro de entrenamiento ruso de Star City, en las afueras de Moscú, y el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán), Green tuvo que soportar la dureza de un instructor ruso que tenía la misión de hacerles sentir verdaderamente en la piel de un astronauta.

"Fue alucinante filmar en Star City y en Baikonur, como entrar en una dimensión de Star Wars. (Aunque) el instructor ruso me riñó varias veces, creo que me equivoqué en el protocolo y se enfadó muchísimo...", recuerda entre risas Green, que reconoce que habría sido incapaz de ser astronauta porque siente pánico a las alturas.

Pero no todo fue aspereza. La directora del filme explica que la presencia de la actriz alteró hasta a los normalmente imperturbables astronautas.

"El comandante de la Estación Espacial Internacional, Luca Parmitano, estaba en Star City durante el rodaje, y él está enamorado de Eva, tenía hasta un póster suyo en la habitación. ¡Estaba tan impresionado de ver a Eva, y mira que tiene mucho autocontrol, que estuvo a punto de desmayarse!", asegura.

Pese a contar con una larga carrera desde que Bernardo Bertolucci la catapultó en "Dreamers" (2003), sigue poniéndose nerviosa al comienzo de los rodajes -"el primer día siempre llevo cinco botellines de terapias naturales"- y ahora que su nombre suena para las candidaturas a los premios César del cine galo intenta obviar los halagos.

"No puedo mirar las críticas. Siempre te crees más las malas que las buenas. Si es mala creo que estoy terrible. Pero si veo una buena pienso: 'No, se equivoca, está siendo demasiado amable'. Pero incluso si la película no es bien recibida, si la experiencia ha sido enriquecedora, en mi lecho de muerte recordaré eso", dice.