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El mundo después de la pandemia

El mundo después de la pandemia

Ni en los peores momentos la corrupción descansa. Y es que la pandemia trajo consigo mucho más que una crisis sanitaria y económica sin precedentes, trajo también cambios radicales a nuestras vidas y es posible que nunca regresemos al mundo que dejamos atrás. Así lo detalla el informe “Getting Ahead of the Curve” de Transparencia Internacional, que advierte sobre las posibles tendencias que se instalarán con la pandemia y su impacto, siendo el aumento de la corrupción una de ellas.

Para empezar, vemos un retroceso de la hiperglobalización, ya que la mayoría de los gobiernos han actuado como silos para enfrentar la crisis, recurriendo a medidas extremas, las que incluyen fondos de emergencia, compras de insumos sanitarios y de alimento, aumento de la televigilancia y restricciones a la libertad, al mismo tiempo que se flexibilizan controles y protocolos, aumenta el comercio informal y se hace más difícil denunciar, preparando un escenario propicio para la corrupción.

Después de la pandemia el mundo estará más propenso a la corrupción, por lo que si no nos ocupamos de este tema ahora, el panorama no será muy alentador para los próximos años. Ya se aprecian los cimientos de un terreno fértil para el fraude, donde todo vale para salvar el negocio. En esa realidad es posible que prolifere el soborno para obtener beneficios, los desvíos de recursos para responder a la emergencia, las salidas de protocolo para lograr rapidez y efectividad en los procesos, al mismo tiempo que habrá poco espacio para el control.

Ya han salido a la luz pública escándalos de corrupción en varios países de Latinoamérica como el sobreprecio en la compra de ventiladores en Bolivia, sobrecostos en la compra de ambulancias en Colombia o la investigación al gobernador de Río de Janeiro por desvío de fondos públicos en la construcción de hospitales de campaña. Eso, por dar algunos ejemplos. Y usted se preguntará, ¿y en Chile? En Chile poco y nada sabemos.

Uno de los problemas que enfrentamos como país, es que hablamos poco de corrupción, lo que da la equívoca señal de que no existe y que estamos lejos de parecernos a países donde hechos ilícitos están a la orden del día. Pero en Chile, sí hay corrupción. La vemos en casos de gran alcance como el de las luminarias led y las municipalidades o en hechos que no parecen serlo, pero lo son, como el cambio de giro de ciertas empresas para evitar las cuarentenas.

Algunas de las razones de por qué no vemos la corrupción se deben al poco castigo social que damos a los corruptos y al hecho que en Chile se denuncia poco, ya sea por temor a represalias, porque no nos enteramos (o no queremos enterarnos) o porque muchas organizaciones, públicas y privadas, no cuentan con programas de compliance que les permitan pesquisar hechos irregulares que ocurren frente a sus narices.

El último Índice de Capacidad para Combatir la Corrupción (CCC), advierte que el combate contra este flagelo ha perdido fuerza en la región, porque los países han disminuido su capacidad de descubrir, castigar y prevenirla.

Después de la pandemia el mundo estará más propenso a la corrupción, por lo que si no nos ocupamos de este tema ahora, el panorama no será muy alentador para los próximos años. Ya se aprecian los cimientos de un terreno fértil para el fraude, donde todo vale para salvar el negocio. En esa realidad es posible que prolifere el soborno para obtener beneficios, los desvíos de recursos para responder a la emergencia, las salidas de protocolo para lograr rapidez y efectividad en los procesos, al mismo tiempo que habrá poco espacio para el control.

Esta es la primera de una serie de columnas para incentivar que Chile hable de corrupción y hacer un llamado al sector privado, especialmente, a prevenir, denunciar y proteger a quienes denuncian. Es hora de pasar del dicho al hecho y hacer frente a la corrupción, para dejar de esconderla debajo de la alfombra

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.