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2/3: Más democracia ante el veto de la derecha

2/3: Más democracia ante el veto de la derecha

En los últimos días se ha desarrollado una intensa discusión sobre el quórum de 2/3 al cual estarán sometidos los acuerdos del órgano constituyente. Este es un quórum de carácter contra mayoritario, porque le otorga a la minoría un incontrarrestable poder de veto. Hace que un 1/3 pese lo mismo que 2/3.

Durante 30 años, los partidos de la Concertación se excusaron precisamente en los altos quórum que tenía la Constitución de 1980 y las Leyes Orgánicas Constitucionales (2/3 y 3/5) para justificar la imposibilidad de reformas estructurales y para explicar porque la Constitución no se cambiaba. Decían que la derecha ocupaba este mecanismo antidemocrático para oponerse a los cambios. No dudo que eso haya sido así.

No vayamos tan lejos. El 7 de enero de 2020 el Senado votó una modificación a la actual Constitución para incorporar al agua como un bien de uso público. La votación fue 24 a favor, 12 en contra. Dicha modificación se rechazó por la existencia del quórum de 2/3, que hizo que 12 sea lo mismo que 24.

Luego de 30 años, ¿parece razonable que esta oportunidad histórica de crear un nuevo país sea vetada por una minoría conservadora y oligárquica que se ha opuesto a los cambios por décadas? ¿Parece razonable permitir que esa minoría vete garantizar derechos sociales en la nueva Constitución o que vete - como ya lo hizo - consagrar el agua como derecho humano? ¿Parece democrático que la minoría vete la posibilidad que el Estado adquiera nuevas facultades, energías y poderes para hacer que la economía se oriente de forma prioritaria a producir bienestar a las personas y la sociedad? ¿Parece democrático que dicha minoría impida avanzar hacia una verdadera regionalización y transferencia de poder a los gobiernos locales y territorios? ¿Parece aceptable que se vete avanzar hacia la plurinacionalidad del Estado?

Los 2/3 serán un instrumento que utilizará la derecha chilena de forma antidemocrática -incluidos los que aprobarán, como Lavín o Longueira- tal cual fueron utilizados por los 12 senadores en la votación antes expuesta, para privar al órgano constituyente del poder para cambiar las bases del modelo neoliberal, modelo a partir del cual emergen sus privilegios y los abusos que motivaron el estallido de octubre.

La Convención Constitucional tendrá un quórum de 2/3. Así fue definido en noviembre 15. El debate sobre esto asunto no puede limitarse a una cuestión de técnica constitucional, sino más bien refiere a la densidad democrática del proceso constituyente que inició la ciudadanía. Las fuerzas democráticas, a través de una amplia unidad, debemos asumir el desafío de cambiar esta regla antidemocrática.

Lo profundamente democrático sería que la Convención Constitucional en materias claves para el desarrollo del país de los próximos 30 años, permita que el pueblo de forma soberana, a través de la democracia directa, resuelva estas diferencias. Los plebiscitos programáticos o temáticos existieron en otros procesos constituyentes, por tanto son perfectamente viables.

A qué me refiero con todo esto. Luego de 30 años, ¿parece razonable que esta oportunidad histórica de crear un nuevo país sea vetada por una minoría conservadora y oligárquica que se ha opuesto a los cambios por décadas? ¿Parece razonable permitir que esa minoría vete garantizar derechos sociales en la nueva Constitución o que vete - como ya lo hizo - consagrar el agua como derecho humano? ¿Parece democrático que la minoría vete la posibilidad que el Estado adquiera nuevas facultades, energías y poderes para hacer que la economía se oriente de forma prioritaria a producir bienestar a las personas y la sociedad? ¿Parece democrático que dicha minoría impida avanzar hacia una verdadera regionalización y transferencia de poder a los gobiernos locales y territorios? ¿Parece aceptable que se vete avanzar hacia la plurinacionalidad del Estado?

En cuan profunda y participativa sea nuestra política democrática en el proceso constituyente estarán puestas las reales posibilidades para cambiar Chile. Porque el camino de la participación y protagonismo de las grandes mayorías, es el único posible para llegar lejos luego de 30 años. Porque octubre 18 fue claro: sin la gente los cambios sencillamente no van.

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