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El fin del piñerismo

El fin del piñerismo

En un régimen presidencialista los cambios de gabinete son los fusibles que sirven al gobernante para retornar a la acción política. El actual contexto de crisis política instalado por los problemas de gobernabilidad del bloque oficialista, un parlamentarismo de facto y una vigilancia de la política con un nivel exigente y crítico de fiscalización y observación –aumentado y empoderado gracias a la tecnología social– por parte de la ciudadanía, llevaron al Presidente Sebastián Piñera a recurrir a este recurso, nuevamente, con un objetivo más táctico que estratégico.

Lo táctico se expresa en que con la conformación del nuevo equipo de Gobierno lo que se busca es ordenar la coalición, fortalecer la derecha dura en la UDI y RN a través de un guiño a la opción del "Rechazo" en el próximo plebiscito, más que conectar con el actual clima de opinión pública que exige resultados frente a la pandemia económica y política.

El balance muestra que se impuso la visión de quienes pugnaban por que el Presidente compartiera el poder con los partidos. Esta fue la demanda, especialmente de RN y la UDI, en los anteriores tres ajustes del comité político. En todas las ocasiones previas se habían logrado imponer el Mandatario y sus asesores a los partidos del oficialismo.

Piñera, como buen apostador, tuvo en mente este acuerdo tácito para realizar los ajustes a su equipo político. Quien probablemente lo convenció que este nuevo trato era la mejor opción dada la actual correlación de fuerzas es, paradójicamente, el mayor de los piñeristas y factótum del Presidente, su primo, Andrés Chadwick. Veremos si la jugada –no exenta de riesgo– de compartir el poder con los partidos y de matricularse implícitamente con el “Rechazo”, al incorporar en cargos claves a nombres identificados con esta opción en el gabinete, es suficiente para retomar la iniciativa política y compensar el fin del piñerismo en el equipo.

Sin embargo, la reciente derrota política en el Congreso, unida a los problemas de gobernabilidad en el bloque oficialista y al derrumbe de la aprobación presidencial en la opinión pública encuestada, cuestión especialmente sensible para Piñera, colocó al Mandatario en una situación imposible. Para revertir esta tendencia de aislamiento creciente y de desafección de su coalición, el fin del piñerismo fue el costo que debió pagar La Moneda.

Este era el precio que pusieron los partidos. Era la principal exigencia de la timonel de la UDI, que esta vez contó con la luz verde de “los coroneles”. A pesar del logro que se anotó la senadora Jacqueline Van Rysselberghe, colocando a unos de los suyos, como Víctor Pérez, en la cartera de Interior y sacando de juego a uno de sus críticos, Jaime Bellolio, sabe que el costo será no poder repostular a la presidencia de la UDI y consensuar una nueva directiva que pueda alinear al partido y sus parlamentarios detrás del Gobierno. Esto implicará, en los hechos, adelantar las elecciones en la tienda de la calle Suecia fijadas para diciembre.

A su vez, conservadores y liberales en RN también exigían lo mismo. Pero en este caso, la moneda de cambio para garantizar el disciplinamiento interno del partido pasó por la llegada de Mario Desbordes a un poco relevante Ministerio de Defensa, y de Andrés Allamand, su contrincante en la interna del partido, al Ministerio de Relaciones Exteriores. La movida que neutraliza a ambos críticos de La Moneda –aunque con estrategias y argumentos opuestos– permite garantizar la gobernabilidad en RN y asegurar el apoyo de su bloque parlamentario. Pero para que esto tenga posibilidades reales, será clave despejar quién asumirá la presidencia en RN.

El nuevo trato con Chile Vamos que ofreció el Presidente tiene una contrapartida muy clara: el disciplinamiento de la coalición y, como contrapartida, el apoyo de sus parlamentarios. Esa es la apuesta que los “halcones” del oficialismo le vendieron al Mandatario y es lo que tendrán que concretar con los movimientos de piezas en ambos partidos del conglomerado.

Piñera, como buen apostador, tuvo en mente este acuerdo tácito para realizar los ajustes a su equipo político. Quien probablemente lo convenció que este nuevo trato era la mejor opción dada la actual correlación de fuerzas es, paradójicamente, el mayor de los piñeristas y factótum del Presidente, su primo, Andrés Chadwick. Veremos si la jugada –no exenta de riesgo– de compartir el poder con los partidos y de matricularse implícitamente con el “Rechazo”, al incorporar en cargos claves a nombres identificados con esta opción en el gabinete, es suficiente para retomar la iniciativa política y compensar el fin del piñerismo en el equipo.

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