Nacional

Más que una crisis sanitaria, el coronavirus revela una crisis de desconfianza y liderazgo ciudadano

Más que una crisis sanitaria, el coronavirus revela una crisis de desconfianza y liderazgo ciudadano

Un factor fundamental en una gestión de crisis exitosa es la reputación y confianza que se tiene de los líderes que encabezan la estrategia para resolver dichas emergencias. Se trata del prestigio y el reconocimiento de competencias y habilidades, en este caso particular, que reconocemos en las autoridades ejecutivas.

Un estudio de la agencia Weber Shandwick señala que un 45% de la reputación de una organización, depende de la misma de sus líderes, que en el caso de una empresa sería su CEO o Gerente General y en un ministerio, su ministro.

Con esto, todo comportamiento y decisión del líder impacta en la reputación y confianza de la institución. Pensemos en Andrónico Luksic. Su propuesta de aplazar los pagos de créditos, vista como una determinación personal, le otorga reputación a él y a sus empresas, en particular un banco. Ambos están en el top 3 del ranking internacional Merco en las categorías empresas y líderes 2019 para Chile.

¿Qué pasa con el presidente Sebastián Piñera y el ministro Jaime Mañalich? Según la última Cadem del 23 de marzo, la evaluación positiva (muy bien o bien)  del mandatario en esta crisis es de 43%, mientras que del jefe de salud de 39%. Ambos están por debajo de los alcaldes – no sabemos si se refiere al cargo en general o a algunos ediles más visibles -, que tienen un 70%, y de la presidenta del Colegio Médico, Izkia Siches, con un 66%.

Otro elemento interesante de las mediciones recientes sobre la gestión de la crisis del Coronavirus es la alta polaridad en la evaluación del presidente y del ministro, a diferencia de los liderazgos de los “alcaldes” y de la presidenta de los médicos. Por ejemplo, esta última tiene solamente un 17% de evaluación negativa, mientras que Mañalich un 54%.

La reputación en política es resultado de la estima que la sociedad da a sus líderes,  que en Chile es principalmente de corto plazo. Es la aprobación y el reconocimiento de virtudes como la inteligencia, empatía y cercanía.

Pero la crisis de confianza que arrastra la clase política en Chile tiene componentes extras que en esta coyuntura nuevamente se aprecian. Esto es la capacidad de sostener su reputación en la conexión con el entorno, en este caso con la ciudadanía. Lo podríamos definir como el “liderazgo ciudadano”. Los alcaldes utilizan recursos como “una vecina me expresó su preocupación”, o vemos a la líder de los médicos interpelando a las autoridades, comportamiento visto como representativo de quienes desconfían de la gestión ministerial.

Ante este escenario, una de las medidas tomadas por el discurso oficial fue instalar en la primera línea de la vocería al ex presidente del Colegio Médico, Enrique Paris, a quien desde el domingo lo vemos con minutos en televisión con un estilo prudente y conservador que se contrapone al de Siches, apelando a la contraposición.

Producto de la crisis de confianza y reputación que hoy existe, representado en altos niveles de desaprobación a las instituciones, las decisiones y comportamientos de sus líderes no logran ni sintonizar con la ciudadanía ni demostrar autoridad. Es así como, pese a que técnicamente sus análisis y propuestas podrían ser acertadas, no gozan de plena credibilidad y legitimidad.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.