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Modelo económico chileno: infarto agudo al miocardio

Modelo económico chileno: infarto agudo al miocardio

Si después de todo lo vivido en Chile con las protestas masivas de la ciudadanía en rechazo a los abusos, el Ejecutivo y mis colegas parlamentarios se niegan a entender que la agenda de prioridades política-legislativa cambió, entonces quiere decir que la crisis es más grave de lo que muchos imaginan.

La sociedad nos está diciendo que ya se cansó de maquillajes cosméticos a un sistema económico depredador, razón por la cual, ante el impacto de tan triste noticia, este sistema se infartó de forma terminal el viernes 18 de octubre. Como médico, creo que no hay “bypass” capaz de volverlo a la vida rozagante que tuvo durante cuarenta largos años.

El Congreso Nacional tiene en tramitación (obviamente bien dormido y guardado en los cajones de la alta política), el mensaje presidencial, Boletín 11.617-07, que apunta a elaborar una Nueva Constitución Política para Chile. Este proyecto fue presentado por el Gobierno anterior, y fue el resultado de un Proceso Constituyente (imperfecto tal vez), pero en el cual participaron chilenos de todo el país. Allí se recoge la mayoría de las demandas de la ciudadanía. Desconocer este proceso es un nuevo error del Presidente Piñera y de toda la derecha.

Creo firmemente que ahí está el camino que puede cambiar el rumbo de esta explosión social. Es en la actual Constitución donde están las bases de este sistema inhumano que motiva el reclamo de la gente. La desigualdad que la calle grita, se fundamenta en Constitución de la dictadura.

Hoy tenemos un enérgico reclamo social, al cual el Ejecutivo aún no ha sido capaz de dar respuesta. El Gobierno, presa de sus peleas políticas intestinas, está demostrando una negligencia inexcusable, acusando de violentistas y delincuentes a ciudadanos hastiados de este modelo económico. Los chilenos no son delincuentes. Y no estamos en guerra. Todo lo contrario, los chilenos están felices porque por primera vez en muchos años han comenzado el camino de recuperación de su dignidad postergada.

El Ejecutivo es el que tiene que responder por qué abandona el cuidado de lugares sensibles de uso cotidiano sabiendo las cosas que pueden ocurrir. El ministro del Interior es el principal responsable político de los saqueos y los actos de violencia contra bienes públicos y privados, como también de las muertes y desgracias que nuevamente están enlutando a la nación. Carabineros ya lo ha demostrado: si quieren impedir los saqueos y la destrucción, pueden hacerlo y para eso contarán incluso con la colaboración de los manifestantes; pero tiendo a pensar que al ministro de Interior le sirven estos actos vandálicos para poder justificar la represión a los manifestantes y así parecieran demostrarlo la serie de declaraciones erráticas del Presidente Piñera, de la primera dama y del ministro del Interior, las que dejan en evidencia la incapacidad e irresponsabilidad que el Gobierno de Chile ha tenido para manejar este conflicto. Sus declaraciones, claramente, no llaman a la tranquilidad.

El pasado domingo, y luego de aprobar en la Cámara de Diputados dejar sin efecto el alza en el transporte público, el ministro Gonzalo Blumel reconocía que esto era solo una pequeña respuesta al conflicto. Sin embargo, hubiese sido una mejor respuesta el día viernes. Esa demora fue el catalizador para esta gran explosión que puso en jaque el alma del modelo neoliberal, poniendo en la palestra la larga lista de materias que la población exige que sean solucionadas ahora, ya.

Hoy y mañana tenemos que escuchar más a la calle. La gente quiere cambios radicales que mejoren sus vidas y la de sus familias. Si la derecha en el futuro quiere hablar del legado de Sebastián Piñera, les aseguro que el camino que decidieron seguir no es el mejor.

Cambiemos la agenda legislativa, cambiemos la Constitución, rebajemos la dieta parlamentaria, ¡para eso, esta diputada y el Partido Radical, están disponibles! Sin embargo y lo digo de cara a la ciudadanía: mientras haya militares en las calles, no tengo nada que conversar.